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Gloria Gil nació el 1987 y es la tercera de cuatro hermanas, hija de una combinación explosiva: un profesor de matemáticas y una profesora de filosofía. Tuvo una educación muy humanística, en la que la belleza y la trascendencia fueron cruciales. Durante la carrera de Derecho se pagó los gastos dando clases y ganando concursos literarios. Su tiempo libre lo dedicaba al voluntariado con adolescentes.

A los veinticinco años se casó con Quique y son padres de seis hijos maravillosos: María, Clara, Pati, Quique, Tomàs y la pequeña Elena. Su primer año de casada advirtió que su proyecto vital no era compatible con el despacho de abogados y aceptó una beca para hacer el doctorado, que acabó en una tesina a Bioderecho y con otro máster para ser profesora. Le gusta trabajar con adolescentes y acompañarlos. Se dedica a dar clases y lo compagina a trancas y barrancas con su principal vocación: el matrimonio y la familia. Es autora del libro Soy preciosa, de Albada Editorial, y ahora publica El heno y la primera Navidad, también con Albada.

¿Cómo surgió la idea de escribir “El heno y la primera Navidad”?

Inicialmente, yo no tenía la idea de escribir ningún cuento esta Navidad. Pero a raíz de una conversación muy bonita con una amiga sobre la tradición de montar la cuna del Niño Jesús ramita de paja a ramita de paja, pensé que podía rescatar este mensaje más profundo. Primero pensé en si podía gustar a mis hijos, y cuando me pareció que sí, escribí el cuento para hacerlo extensivo a todos los niños y los adultos que lo quisieran leer.

Quizás Navidad es el puente más sólido para interpelar a los niños, pero la idea de Navidad en la cabeza de muchos niños son regalos y pompa, y no servicio y sencillez. De alguna manera, ¿el cuento quiere recuperar un significado de la Navidad que muchos han desestimado? ¿Cuál es este significado?

El centro y el significado de la Navidad no es otra cosa que la figura más importante del universo –y, a la vez, la más vulnerable– que es un bebé acabado de nacer. Quizás no quería centrarme tanto en la figura del Niño Jesús, que ya tiene más literatura, sino en un elemento imprescindible al escenario del nacimiento del Niño Jesús que podía tener una lectura sencilla y bella de entrada, pero que podía abrir un camino de reflexión para los más pequeñitos y también para los más grandes.

Quizás a muchos adultos también les iría bien leer “El heno y la primera Navidad”. ¿Es un cuento para leer en familia?

Es claramente un cuento para leer en familia, y creo que también se puede adecuar a más contextos. Tengo un amigo que es tutor de bachillerato y me ha explicado que lo utilizará en su programa de mentoría. A veces con textos sencillos, como puede ser un cuento, llegas a verdades profundas y absolutas como por ejemplo que todos tenemos una misión en la que somos insustituibles y por tanto imprescindibles, seamos pequeños o seamos grandes. A veces no hay que tener el anhelo de grandeza o de tener éxito, porque a veces el éxito también es poner tus dones al servicio de los otros.

¿Cómo podemos hacerlo para vivir una Navidad como la del cuento? ¿Cómo podemos conseguir un espíritu que lea la grandeza en la pequeñez como el del forraje?

Yo explicaría que Dios ama nuestra pequeñez, porque Él nos amó primero y nos amó con todo. Nuestra pequeñez y nuestra insignificancia son cosas que Él ama, desea, y ve bien en la medida que nosotros pongamos estas cualidades al servicio de los demás. El heno pasa de tener una misión sumisa, de dar de comer a los animales, a darse cuenta que él es una plataforma para que el buey y la mula puedan hacer su función. Y también tiene otras misiones que la vida le regala, como por ejemplo poder ser la cuna del Niño más importante de la historia de la humanidad, o poder ser el lugar de descanso de sus padres, que no es poca cosa. Aparte del salto de confianza en Dios, lo más importante también es que te dejes sorprender por Él, porque encontrarás una belleza insospechada en tu vida.

¿Cómo tiene que ser un cuento para que haga llegar la fe al niño tal como queremos explicarle? ¿Cómo se tiene que hablar de ello?

A los niños se les tiene que hablar en la verdad y de entrada también se les tiene que explicar que Jesús, para poder transmitir ideas relevantes, hacía uso de las parábolas. Que una cosa se explique de forma sencilla no significa que no sea importante, al revés: Jesús se tomó la molestia de simplificar las cosas para que los más cabezotas y los corazones más cerrados le pudieran entender.

A veces simplificamos tanto el mensaje de Cristo para que los niños lo entiendan que lo acabamos convirtiendo en una historia fantástica más. ¿Cual tiene que ser el tono para transmitir que no se trata de una historia de aventuras cualquiera?

Tenemos que explicar que todos tenemos un papel en la historia de la salvación, incluso el heno. A veces nos podemos sentir como el heno, o como si fuéramos barro, o nos podemos sentir como si no fuéramos nada. Pero lo más importante no es como nos sentimos o lo que nosotros sabemos que somos, sino lo que Dios puede hacer con nosotros, que son milagros y maravillas.

¿Cuesta encontrar buenos cuentos infantiles y cristianos, hoy? ¿Por qué?

Pienso que cada vez más hay una voluntad de hacer cuentos infantiles de calidad, con un buen mensaje, pero a veces queremos transmitir tantas cosas a los niños que los hacemos demasiado complicados, o corremos el riesgo de hacerlos demasiado simples y perder la belleza por el camino. Y sí que pienso que este es un equilibrio delicado, que espero que mi cuento cumpla. No estoy segura. Pero sí que me parece que hay una voluntad general de ir hacia aquí, porque a veces el mundo nos deja muy solos y si no hacemos uso de herramientas cotidianas como un cuento, la evangelización corre el riesgo de quedarse coja.

¿Hemos asumido que hablar de Dios con los niños es limitarles la libertad? ¿Cómo lo podemos hacer para que sean verdaderamente libres?

Creo que todos estamos de acuerdo con el hecho que si solo te dieran macarrones y pollo toda la vida, si solo hubiera esto en el menú, no te enseñarían a tener una dieta equilibrada, ni variada, ni libre. Hablar de Dios con los niños no es quitarles la libertad, sino que les aporta más libertad, porque así tienen la libertad de elegir entre seguirlo o no. Si no es así, están condenados de base a tener solo una opción, que es la que el mundo presenta. Claramente, en la formación hay libertad.

¿Y si nuestro hijo no quiere oir hablar de ello?

Todos los corazones están bien hechos y todos tendemos al bien, a la belleza, a la verdad, a la justicia, y a la bondad. A veces no hay que ser extremadamente catequético o vehemente, sino rescatar aquello que hay de bello y de bueno en el corazón de la persona y hablar a partir de aquí. Estamos bien hechos.

¿Qué dirías que es lo más positivo que se puede sacar de leer “El heno y la primera Navidad”?

De entrada, pienso que el cuento deja un regusto muy tierno. Y tengo la intuición que quizás es un cuento que más que leer se podría rezar, para mirar tu vida a la luz de la enseñanza del heno. Con esta insignificancia que a veces sentimos y con estos dones que a veces no ponemos al servicio, o que no queremos identificar, o que volamos otros, incluso otra vida u otra historia por nosotros, quizás podemos hacer algo de provecho. Pienso que esto es lo más positivo que se puede sacar del cuento: entender que eres grande a los ojos de Dios exige acoger quién eres. Todos somos un poco heno.

¿Qué feedback has recibido, de momento?

De momento el feedback ha sido fantástico. Como siempre que procuro responder a aquello que la realidad me plantea, que siento que es lo que el Señor me pide, esto de este cuento ha sido –como digo en los agradecimientos– una aventura maravillosa. Y los frutos que está dando son buenos y la acogida que está teniendo está siendo muy cálida y a la vez ha generado alguna conversación que para mí ha sido un gran regalo.

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L’Antoni Gelonch i Viladegut (Lleida, 1956) és advocat, escriptor, mecenes i divulgador artístic. Ha estudiat a la Universitat de Barcelona, Grenoble, Hardvard, l’IESE i la Universitat de Navarra.

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